miércoles, 12 de marzo de 2014

La interpretación biológica y psicólógica del Pánico y la Angustia

De los neurotransmisores como causa del pánico, a la idea que  las conductas que ejecutamos para enfrentar el pánico lo terminan agravando.


La interpretación biologicista del pánico considera que tiene un origen fisiológico, que existe una predisposición que podría ser genética hacia el pánico.

Podría estar toda la vida latente; pero algunas situaciones puede hacer que aparezca, haciéndose realidad un desequilibrio en los neurotransmisores.

Es posible que pueda hacerse crónico y se produzca un trastorno de angustia.

El tratamiento farmacológico podría volver los neurotransmisores a su sitio; pero continuará la predisposición y la vulnerabilidad y los ataques podrían volverse a repetir.

La visión psicológica es diferente y complementaria. No se puede negar que algunas personas sean más vulnerables que otras a la ansiedad. Pero en el disparo del ataque de pánico juega un papel muy importante una reacción inadecuada a las señales de ansiedad.

La ansiedad, la angustia,el miedo, etc. son estados que se caracterizan todos por una gran excitación fisiológica, que nos prepara para luchar o para huir haciendo frente al peligro que la causa.

Si las sensaciones asociadas a la excitación fisiológica nos provocan más miedo o angustia, podemos entrar en un círculo vicioso, porque al esforzarnos por huir o luchar en contra de esas sensaciones, nuestra excitación inicial se incrementa.

De esta forma luchamos además de contra el origen de nuestro miedo, angustia o ansiedad; también contra las propias sensaciones de excitación. Esta espiral excitación - miedo o angustia - excitación nos puede inducir en segundos un ataque de pánico.

Por ejemplo, cuando tenemos miedo se suele respirar rápido para dar a los músculos más oxígeno y prepararlos así para huir o luchar.

Si no se consume ese oxígeno; porque no se huye o lucha de inmediato, se puede producir una sensación de mareo asociada a una ligera hiperventilación.

Si la pequeña sensación de mareo nos da miedo (quizás porque la interpretamos como que nos vamos a desmayar, a perder el sentido, a morirnos, ...) respiraremos más rápido todavía con lo que el mareo aumentará.

En pocos segundos podemos estar totalmente mareados y con sensaciones de hormigueo e incluso de tetanización de los músculos y en consecuencia con un miedo totalmente descontrolado y disparado y unos pensamientos catastróficos de que nos vamos a desmayar o a morir o ..

Si se aprende a no tener miedo a la pequeña sensación inicial de mareo el ciclo no se producirá. Si nos entrenamos para respirar de manera correcta cuando tengamos miedo, es decir, dejamos de respirar como si estuviéramos en una situación de extremo peligro, cortaremos el ciclo.

Si interpretamos las señales corporales de forma adecuada, como ansiedad o miedo normal, y no de forma catastrófica (pérdida de control, desmayo, enfermedad, muerte, etc.) el problema se soluciona.

He puesto un ejemplo con sensaciones asociadas a la respiración, que son las más frecuentes, pero no son las únicas, otras veces son sensaciones de inseguridad, desequilibrio, irrealidad, etc.

La teoría es sencilla. Llevarla a la práctica es un proceso terapéutico complejo, puesto que no basta con el convencimiento intelectual, hay que tener conciencia vivida (quitarle poder a los estímulos estresantes) para que el proceso en espiral de disparo del pánico se corte.

Cuando  se puede realizar una exposición a los estímulos internos del sujeto y se pueden interpretar de forma adecuada, los ataques de pánico se dejan de producir en una etapa muy temprana de la terapia, aunque esta suele ser mucho más larga porque se tiene que perder el miedo en las más importantes  situaciones que se han evitado.

Con esta visión, aunque exista una predisposición genética a la ansiedad,  puedes aprender como caes en el ataque de pánico y como puede salir de ese camino que ya no le lleva necesariamente a la catástrofe.

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