sábado, 1 de marzo de 2014

Mindfulness, sufrir y conocer

El significado original del mindfulness se remonta a prácticas milenarias vinculadas con el despertar espiritual del ser humano. Mindfulness consiste básicamente en atender las experiencias tal como ocurren, manteniendo por un tiempo prolongado una atención  en que se  dejan ir voluntariamente las narraciones, sentidos, asociaciones y explicaciones que normalmente acompañan toda experiencia.


La práctica mindfulness busca enlentecer el proceso y debilitar las significaciones automáticas de tal manera que cada experiencia se despliegue con mayor riqueza y novedad, incluso las dolorosas. Es un proceso muy similar a la Fenomenología de Husserl: poner entre paréntesis todos los juicios para que emerja la cosa en sí.

¿Hay alguna relación entre la pregunta por la naturaleza del conocer, y la pregunta por cómo aliviar el sufrimiento?

El mindfulness permite cambiar la relación con el mundo (el propio mundo circundante, las propias circunstancias) sin necesariamente cambiar el mundo. 

Esto significa que incluso, en condiciones adversas la persona puede encontrar recursos internos para sobrellevarlas sin agregar mayor sufrimiento al que ya padece. Sin embargo una metafísica de la aceptación corre el riego que  las preguntas fundamentales de nuestra propia existencia queden reducidas a “eventos mentales que deben ser dejados a un lado”

Un diálogo fértil puede nacer entre el mindfulness y filosofía fenomenológica.

El conocimiento  lejos de ser un evento abstracto, es un evento situado y corporalmente encarnado de tal modo que lo que somos capaces de conocer está vinculado con nuestro estado mental-corporal.

Una práctica profunda del mindfulness en el doble sentido de bienestar y conocimiento, no sólo trae paz, salud, menos sufrimiento (estos son sus efectos secundarios), sino que aporta una nueva modalidad de saber  (de sí y del mundo) que, habiendo sido perfeccionada durante milenios, complementa las aproximaciones científicas, para adentrarse en el terreno de lo experiencial, una esfera menos mediada por el lenguaje y las categorizaciones sociales.

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